martes, 12 de agosto de 2008

Reflejo De Una Tinta Perdida.

En el silencio de la distancia
me abrigo, me cobijo,
mis pasos atolondrados
me llevan a ninguna parte,
me dejan en ningún lado,
ahogado en un mar de sangre,
contamino el entorno
en el que por momentos sobrevivo;
gotas dulces, de lluvia,
moja la piel pecadora
en ella se pierde,
la barrera entre entender y aprender,
en la piel vive el cuervo y la serpiente,
ellas toman del torrente de agua
que debería entrar a nuestra alma,
busco culpables, somos nosotros,
le damos asilo al sentimiento
convertido en carroñero, venenoso,
damos distancia a lo que realmente se necesita.

Nos quedamos con las sobras
que apenas sueltan de sus bocas
y que no es basta para cada uno de nosotros.

El habitante interior se daña, se pierde,
mandatos subliminales de si mismos,
remordimientos,
se aferra insolente a la obligación,
peca al decir que no fue él
quien dio el paso a lo fugaz,
ahogado en ansiedad de encontrar culpables,
no se fija que es el mismo;
su corazón es un fábrica de ídolos,
suspensos en el canto de la lluvia;
el habitante interior corre apresuradamente
a la suerte a puesto sobre los brazos de la Muerte.

Perdón por lo cometido.

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