Difícil es aceptar tu despedida,
difícil es vivir con el tormento de saber
que tu salida no tiene un regreso entre sus letras
y ahora no sé porque dejas lo nuestro en fin y te alejas
y ahora tus párpados tiemblan
y me dejas desangrando con una herida palpable;
haces que tus caricias sean inolvidables,
que mis ojos busquen
una razón como excusa para no olvidarte;
tu despedida fue algo que no respira
algo de sabor amargo que entumió mi lengua,
que trabo mis palabras y rompió el alma.
Ahora busco la pregunta a una respuesta equivocada.
La preocupación deja en mí,
la sangre que nunca ofrecí,
un amor en frenesí,
las ansias de calmar las ansias,
un sentimiento brotado del alma,
un beso al despertar de mi realidad cuando se entra al soñar.
¿Porque cada vez que mis manos tocan la almohada
que la noche anterior detuviera tus sueños, me hace divagar?
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