sábado, 24 de noviembre de 2012

Los Cuernos De La Luna

Heme aquí recostado a la orilla de la mar observando la crema de estrellas y a los planetas que giran alrededor del astro poeta en contra de su voluntad, he intentado encontrarle fin a este basto universo trascendental que me confunde cada vez más. He pasado noches enteras buscando el prodigioso momento que me dé por enterado la diferencia entre la realidad y la imaginación, el porque quiero ser lo que no soy, el porque quiero estar en donde no estoy y por fin llegue a la conclusión que el tiempo pasa sobre todo y sobre todos y tiempo es el que derraman mis pies cada vez que me aferró a continuar deslizándome entre los escasos hilos de luz que aún se empeñan en formar parte de mí más cercano alrededor, iluminando con vanidad el mundo encerrado en mi interior. He descubierto el laberinto en los ojos de la vida y he encontrado la ilusión de las alquimias en cada noche bohemia, he aprendido los sabios cánticos de las lágrimas taciturnas derramadas sin previo aviso, tiradas al vació que sostiene la vida y la muerte por extremos mismo que confunde los deseos con las predestinaciones y su voz flota sobre la multitud ciega (lento vaivén de un mar de rostros). Es inútil intentar dibujarle los cuernos a la luna solo son resplandores dispersos que alguna vez estuvieron aquí liberando las constelaciones internas en mi voz; guía y discípulo de mí existir. Nunca más volveré a intentar darle fin a esta vida impregnada de objetivos inútiles que solo me llevan a donde nunca quise llegar, a ese templo sagrado donde el olvido se refugia, menguando en este cuarto prohibida de ilusiones y libertad, mientras me encuentro recostado sobre el mar. No tiene dirección ahora mi vuelo y no sé que rumbo vaya a tomar; solo avanzare en el sendero que me he hecho al caminar, claro, respetare el triste velo y no dejare que mis ojos miren llorar al cielo ni que el cielo me vea llorar. Recordaré que como la imaginación no hay ninguna y que la libertad no se puede igualar ni los pensamientos que me abruman ni los dolores que me puedan atrapar; ah, pero puedes ponerle cuernos a la luna mientras te encuentras recostado sobre la mar

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